Capítulo Uno – Una mujer… sin serlo

No soy mujer, soy lesbiana.
Monique Wittig

Curiosa frase, ¿verdad? A muchas de nosotras nos produce cierto rechazo. Por un lado, es cierta, implacablemente cierta. Por otro es triste, clamorosamente triste.

La Wittig jamás imaginó (o quizá sí) la cantidad de ampollas que levantaría diciendo eso. Es difícil meter tanta pólvora en un solo cartucho, mucho más reventar tantos moldes con un solo artefacto. ¡Bum!

Conservas dos recuerdos muy nítidos en tu memoria cuando explicas desde cuándo sabes que eres lesbiana. Son hechos simples, vírgenes, sin desarrollar, fosilizados en su pureza, como rocas de referencia en un camino de montaña a las que regresas para no perderte. No son pruebas científicas de nada, porque no se trata de eso. No te hace falta demostrar nada.

Es curioso, cuando dos lesbianas se conocen, pronto surge esa pregunta:

“¿Desde cuándo…?”

Entre heteros, no se plantea desde cuándo lo eres, ni por qué o cómo “te hiciste” hetero. Se presupone que lo somos por defecto, que la homosexualidad, al ser excepcional, necesita justificarse. Si encima has tenido hábitos, o perpetrado actos hetero, por muy recontramaribollo que seas a todas luces, casi necesitas pasar por un jurado popular para que te absuelvan o condenen. Endeluego…

Con 13 años, tuviste tu primera experiencia sexual. Tu prima y tú os llevabais bien, era una buena cómplice, y el ambiente familiar de tus tíos era propicio para la intimidad, mucho más relajado que en casa de tu madre.

Sólo fue una vez, no tu primera novia. Tampoco pasó nada excesivamente intenso ni apasionado, y desde luego ella nunca tuvo visos de corresponderte más allá de un juego fugaz. Para ti era algo más, para ella no.

La has visto poco desde entonces. No habéis vuelto a mencionar la aventura en ninguna conversación. Apenas alguna mirada cómplice. También sabes que quien lea esto y os conozca sabrá de qué estás hablando, aunque han pasado ya 30 y pico años.

Ella no rechazó tus caricias. No te impidió que le desabrocharas la camisa. No protestó ni antes, ni durante, ni después de que la besaras. Te sentiste bien, sin saber muy bien por qué, besándola y acariciándola., tumbadas en lo alto de aquel enorme bloque de goma espuma de la fábrica donde trabajabais. Aún hoy te preguntas cómo conseguisteis subiros ahí.

Una travesura casi inocente, tu primer contacto erótico, la primera piel que te hizo sentir algo, la primera chica entre tus manos. No importa que para ella seas la única mujer que la haya tocado así, no importa que se casara de penalti apenas un año después. Ni siquiera importa que tu tía os interrumpiera antes de que llegaseis más lejos. Tenías 13 años, no fue con un chico, aunque luego los hubo, fue hermoso, fuiste tú misma por unos momentos, tu primera vez. Y volverías a hacerlo en las mismas circunstancias.

En esa misma fábrica conociste a María Luisa. Mmmm, bueno… más bien ella te conoció a ti. Corría el año 75 y soplaban vientos nuevos. No es porque Franco agonizara. Soplaban y habrían soplado igual: en la memoria y los corazones la política ni pincha ni corta.

Esta vez fue ella la que se fijó en ti, y la recuerdas porque era una mujer… sin serlo.

Nunca supiste si María Luisa era lesbiana, aunque si conocieras a otra como ella hoy, no te cabría la menor duda. Pelo corto, sin maquillaje, traje de chaqueta-pantalón y maletín. Aun hoy, en una mujer de su edad, esa imagen chocaría con las convenciones, sobre todo en el ámbito de la empresa, donde imperan las Barbies oxigenadas, con Botox hasta las orejas y liftings hasta en el carnet de identidad. Ajjj…

Te hipnotizó esa mujer, por su modernidad y valentía, fortaleza y aplomo. Y es que… era una mujer sin serlo. Tú querías ser ella, porque de ser mujer querías parecerte a ella, de las que se ponen el mundo por montera y rompen todos los esquemas.

Algo debió ver en ti María Luisa. Algo… quizá todo. Lo que tenía que ver, en realidad. Habló con tu tío y le propuso llevarte con ella, darte protección, educación, trabajo, un porvenir… Nunca sabrás si pretendía algo más, algo menos, u otra cosa. Nadie supo nunca que a ti te sedujo María Luisa tanto como su propuesta. Lástima que tu tío la rechazara de esa forma tan brutal.

“No te vuelvas a acercar a
ella”.

Tendría motivos para pensar lo que pensó, o se equivocó, nunca lo sabrás. Para él estaba claro que ella era un peligro del que tenía que protegerte. Poco podías hacer tú para salir de dudas y correr ese riesgo. Lástima.

Tenías 13 años en aquel 1975, y ya estaba claro que eras mujer, lesbiana y con una inteligencia superior a la media, aunque todos querían que fueras niña y hetero-tonta. Seguramente María Luisa se dio cuenta de eso cuando te conoció. Probablemente por eso se atrevió a hacerle esa propuesta a tu tío. Quizá tus tíos quisieron evitar que ella te colocara en el lugar que te merecías.

En aquel año 75 aún era demasiado difícil ser mujer… sin serlo. ¿Demasiado pronto? Tal vez. Lástima.

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3 comentarios en “Capítulo Uno – Una mujer… sin serlo

  1. quiero saber más de esta mujer, de esta Maria Luisa; ¿era mucho mayr que tu prota?¿cuanto? se supone que si porque de alguna forma ofrecía “protección” bienestar económico, ¿sabeis algo más? ¿le dedicas un capitulo? ¿tuvo otras antes? ¿despues? me tienes enganchada…

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  2. María Luisa sólo aparece una vez en la vida de la prota. Hoy, si aún vive, tendrá alrededor de 80 años, o sea, mayor que su madre. Ojalá se entere de esta historia y se manifieste, de cuerpo presente o en espíritu, porque tenemos muchas cosas que pregutarle y contarle. Pero no caerá esa breva.Los siguientes capítulos versarán sobre padres y padrastros, un tema muy duro.

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  3. Hola, me gusta el post…sabes, esa taaan esperada preguntita…no suelo hacerla….por ké? tal vez por ke veo la homosexualidad como algo taaan natural….por ké yo la experimente a mis escasos seis añitos y me parece algo taaaan normal…porke no tengo prejuicios…en fin…por lo ke sea, pero no la hago…peeeero, cada chica que conozco, después del nombre…¿y…desde cuándo te gustan las mujeres? ¿Cómo te diste cuenta?…creo que ya ha pasado a ser una pregunta obligatoria en el conocimiento de alguién mas jiji…Me intriga mucho Maria Luisa…definitivamente…sin conocerla, me atrevería a decir que es una mujer interesante…maravillosa…Ya voy a empezar a divagar, creo que mejor me voy jajajajaja….Hasta pronto.

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