Adiós, Pepita

Mi amiga Pepa Feu ha muerto hoy. Me llamó Manzanita al mediodía para decírmelo.

 

Hace algo más de un año, la última vez que la vi, se emocionó al verme, lloró en mis brazos, hacía muchos años que no nos veíamos. Ahora estoy llorando yo, porque desde ese día hasta hoy no he tenido la decencia de llamarla y tomarme un café con ella.

Era joven, apenas 12 años mayor que en esta foto, algo borrosa por las lágrimas que estoy derramando mientras escribo. Remontó una leucemia, pero recordemos que los milagros sólo funcionan si el cuerpo lo aguanta.

Ya no me tomaré ese café, ni esa copa de vino, ni escucharé su risa, clara y franca como una palmada flamenca. He perdido la suerte de sentir su dulce y generosa inteligencia y de nutrirme con su fuerza, tierna, cálida, untuosa y sencilla como el queso.

La vida nos cambió de sitio y nos distanció la rutina. Es duro preguntarse si hay culpa que mencionar en eso. No me consuela decir que no es culpa de nadie. Ella ya no está y sólo puedo hablar de ella. Era mi amiga, una gran mujer y excelente profesora. Nadie merece perderse tan valioso tesoro, por eso desde hoy el mundo es algo más pobre que ayer, y mucho más injusto.

Adiós Pepita, Kolegona linda.

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5 comentarios en “Adiós, Pepita

  1. llevo llorando 24 horas seguidas, olga… mis vivencias más entrañables con ella están ligadas a esta playa en la que estoy… a su antonio, a su hijo… no puedo entender por qué, a punto del trasplante como estaba… qué injusticia, olguita, qué injusticia. Voy a intentar un post de regreso, todos los homenajes son pocos para una mujer TAN especial

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  2. He encontrado tu blog por casualidad, pero como veo que fuiste amiga de Pepa no quería dejar pasar la oportunidad de escribirte un comentario. Tuve la suerte de ser alumna de Antonio y Pepa en la facultad hace algunos años y tenemos amigos en común, por lo que he ido teniendo noticias de ellos desde que terminé la carrera. Ahora que soy profesora me doy cuenta de cómo las personas que nos dedicamos a la docencia dejamos un poso en las personas en cuya educación participamos. Para mí, Antonio y Pepa fueron más que dos simples profesores. Fueron inspiradores. Me alegro de haberlos podido conocer a los dos, y todo mi cariño para Antonio y su hijo.

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  3. buf… me he enterado de la muerte de Pepa hace una hora escasa, y he querido saber..y así me encontré con tu post… Como en el caso de María, yo también fui alumna de Pepa y Antonio, mis dos grandes ídolos de la carrera, y ahora también soy profesora; y he de decir que eso se debió en gran parte a los dos (en mi caso más a Antonio, pero Pepa me dejó una profunda huella). Tuve la suerte de poder compartir algunos momentos privados con ellos, y… qué decir… Si los conoces, sabes a lo que me refiero… Nada, se me saltan las lágrimas, ya volveré por aquí. Besos…

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  4. Hola, amigas.
    Como a vosotras, Pepa me marcó hondamente. Yo la conocí a los 10 años, cuando me enseñaba lengua en el colegio. Ella tenía ventipocos años y ya era, efectivamente, tal y como la describís aquí.

    Estaba buscando información sobre ella para hacer una quedada de antiguos alumnos del colegio. Sabía de su enfermedad, ya que conocí a Antonio. Desde que me dijo aquello hasta hoy no tuve el valor de llamarla, porque temía no encontrarla ya. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho y estoy llorando.

    Pero siempre me quedará el recuerdo de las dos o tres veces que nos vimos después de aquella época del colegio, de aquella cena en el japonés, de su pasión al mostrarme sus cuadros cuando me invitó a conocer a Antonio en su casa y de tantos recuerdos.

    Ella me enseñó tanta literatura… Fue un gran amor para mí, yo quería ser como ella de mayor en aquellos tiempos… y siempre será la mejor profesora que he tenido jamás.

    Estoy oyendo su voz y viendo su sonrisa ahora mismo como si la tuviera delante… Siempre estará en mi corazón, porque creo que, en gran parte, le debo mucho de lo que sé y lo que soy ahora.

    Y tal vez ella está en este mismo instante cerquita de mí…

    Un abrazo grande para tod@s l@s que fuimos tan afortunados de conocerla, especialmente a Antonio y a su hijo, que supieron hacerla feliz.

    PD: Farala, el mundo es un pañuelo… soy suigeneris…

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