Efemérides: derogación parcial de la Ley de Peligrosidad Social

dsc_0311Hoy, 26 de diciembre, día de San Esteban, de 1978, se derogaba la primera parte de la Ley 16/1970, de 4 de agosto, sobre peligrosidad y rehabilitación social.

Según esa Disposición Derogatoria, quedaban excluidos de esa ‘peligrosidad’ los supuestos 2, 3, 13, 14 y 15 del Artículo Segundo, es decir:

  • Los rufianes y proxenetas.
  • Los que realicen actos de homosexualidad.
  • Los autores de inexcusables contravenciones de circulación por conducción peligrosa.
  • Los menores de veintiún años abandonados por la familia o rebeldes a ella, que se hallaren moralmente pervertidos.
  • Los que, por su trato asiduo con delincuentes o maleantes y por la asistencia a las reuniones que celebren, o por la retirada comisión de faltas penales, atendidos el número y la entidad de éstas; revelen inclinación delictiva.

Es lógico recordar y celebrar esa derogación hoy, 38 años después, aunque por desgracia es aún más lícito y necesario lamentar y denunciar que en todos esos años las víctimas de esa ley siguen sin ser debidamente reconocidas e indemnizadas.

Miles de personas, no sólo gays y mujeres trans sino también lesbianas fueron sistemáticamente vejadas, agredidas y perseguidas por las autoridades policiales, eclesiásticas y judiciales españolas. Hoy en día, sobreviven realmente muy pocas de estas víctimas -apenas unos cientos-, y es difícil saber con exactitud cuántas fueron. El oscurantismo de esa represión es especialmente destacable en el caso de cismujeres lesbianas, cuya existencia y persecución se invisibilizó de manera muy particular, tal y como relata Lucas R. Platero en “Hablando del ‘cuerpo del delito’: la represión franquista y la masculinidad femenina” (2009).

La manera más cruel y lacerante de destruir a las personas, como bien sabemos, es negar su existencia, o bien integrarlas como algo marginal y subordinado, algo que hoy en día, aunque de forma más sutil, aún sufrimos las personas que nos sustraemos al modelo heteropatriarcal:

  • cismujeres lesbianas,
  • hombres y mujeres transexuales,
  • hombres trans gay,
  • mujeres trans lesbianas

El nivel de represión del pasado ha sido tal que hoy nos resulta imposible conocer si tal diversidad existió realmente alguna vez en el pasado, aunque es de suponer que sí, sólo que debió ser imposible reconocerse en ella, incluso ante un@ mism@. No quiero ni pensar en el sufrimiento interior, además del social, que tantas personas han tenido que sufrir, viendo como sus gobernantes, ora de un signo, ora del otro, las ignoraban y excluían, cuando no encarcelaban, torturaban y asesinaban.

Porque esa Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970, no lo olvidemos, no era sino la segunda actualización franquista de la Ley de Vagos y Maleantes (“La Gandula”) de 1933, promulgada bajo la 2ª República, y que ya incluía a “rufianes, homosexuales y proxenetas” en el mismo paquete.

Así pues, no nos queda más remedio que aceptar el principio de continuidad del Estado, como ya se hizo con las víctimas del III Reich, y por eso es tan necesario como legítimo reclamar la indemnización a las víctimas a través de la Ley de Memoria Histórica de 2007, cuya aplicación parece suspendida en el limbo, por oscuras e inconfesables razones.

A ver cuándo este país deja de ser por fin uno de alpargata y pandereta, por favor…

Seísmo en el Congreso: Ada Colau

Perdón por el chiste fácil: la cordura se ha Colau en el Congreso de los Diputados. Terremoto en los rostros de sus Señorías. Como bien compara Beatriz Gimeno en su artículo de El Plural, ya pasó con Pilar Manjón cuando lo del 11-M. En estos casos, el seísmo no se debe a una falla geológica, sino a la brecha abismal entre nuestros dirigentes y nosotr@s.
Beatriz lo dice demasiado bien para que yo intente decirlo con otras palabras. Por favor, echad un ojo a su  artículo. Gracias otra vez, Compañera.

¡VICTORIA!

El matrimonio gay es constitucional

  • El Tribunal avala la Ley aprobada por el Gobierno de Zapatero y recurrida por el PP de Rajoy. 
  • Ocho magistrados, uno de ellos conservador, respaldan la norma. Más de 22.000 parejas se han casado desde su entrada en vigor.
Estaba cantado, y no me gusta nada el titular de El País, pero es la noticia del día, y sin duda me alegra muchísimo. Es para celebrarlo, ¿no?

Cómo repeler a un viejo verde. Me sucedió a mí…

Lenteja me ha recordado una experiencia que tuve hace algunos años. Además, inserta un vídeo divertidísimo de Malena Pichot (“La loca de mierda”), lo cual da pie a Juli Gan para enlazar el Blog de Neska, que a su vez se hace eco del original y rompedor proyecto en que participa Alicia Murillo. ¡Esto es Mujeres en Red, colegas! Todo un empoderamiento colectivo, a fe mía…


Lástima que en aquella época los móviles aún no tuviesen cámara, porque la escena habría valido la pena. Corría el año 2001 y mi “pequeño” Alcatel sólo me permitía hablar y mandar SMSs. Bueno, sí… y despertarme por la mañana para ir a dar mis escasas clases particulares de inglés y francés, que con algunas y a veces complicadas traducciones me permitían “sub-vivir” en aquel difícil principio de mi transición.

Regresando -cabreada y preocupada- de una reunión en la agencia de traducción para la que trabajaba (sita en el Pº de la Habana), cogí un autobús que entonces todavía bajaba hasta Sol por las calles Fuencarral y Montera. Me senté en la parte de atrás, junto a la ventanilla izquierda, pensando aprovechar el trayecto para repasar la problemática traducción, confiando estar sola todo el trayecto. Pero no me cayó esa breva…
La mirada “susia”

[Principio del incidente] En alguna parada entre Bilbao y Gran Vía, se subió un tipo enjuto de unos 65-70 años, 1m60, canoso, calvo y barba de 3 días, con gafas y sonrisa rijosa. El autobús estaba casi vacío, pero en cuanto me vio sola en la parte de atrás, se dirigió decidido hasta el asiento a mi derecha, dejándome encajada entre la ventanilla y él. Me olí que iba a tener algún problema con ese sujeto, pero intenté concentrarme en mis papeles, que ya de por sí me ponían cara de mala leche, creyendo que quizá eso lo disuadiría de hacer tonterías. Pues tampoco, oye…

Sutil maniobra del viejo: se puso el periódico -que traía para tal efecto- sobre las rodillas, y por debajo deslizó su temblorosa mano hacia mi muslo, confirmando mis peores sospechas. “A ver si removiéndome se corta…” pensé yo, agarrando mis papeles mientras descruzaba y re-cruzaba piernas. Retiró la oculta mano, sí, pero a los pocos segundos repitió el tembloroso desliz hacia mi ya de por sí cabreado muslo. “Le daré una última oportunidad de cortarse, y si no…” volví a pensar, repitiendo el des-cruzado y re-cruzado de piernas, esta vez reforzado con un fuerte carraspeo, que sólo un perfecto imbécil habría interpretado como fortuito. Sin embargo, el viejo, además de verde, debía ser perfectamente gilipollas, porque, por tercera vez volvió a intentar sobarme bajo el periódico…

Cheap and ‘chic’

“Hasta aquí hemos llegado. Se lo buscó” pensé, casi en voz alta. Con rapidez y casi violencia, descrucé las piernas, guardé los papeles en la carpeta, y saqué del bolso la fusta telescópica que adjunto a este relato (por si aún no lo sabéis, soy Dómina, aunque no ejerzo). La desplegué rápidamente ante los glaucos ojos de ese tonto l’haba y empecé a golpear la ventanilla con la lengüeta, diciendo, sin mirarle:

“Yo que usted dejaría de hacer tonterías, o tendrá serios problemas conmigo”.

Salvo en algunas películas cómicas de medio pelo, nunca he visto a un anciano reaccionar tan rápido en una huida. Hasta dejó atrás su periódico encubridor antes de dirigirse a la puerta de salida, bajándose en la siguiente parada. [Fin del incidente]

Os animo a llevar algo ligero y contundente como ese baratísimo artilugio, que en un lugar público es bastante más disuasorio y menos problemático que una pistola o revólver sin licencia (de fogueo, claro).

En cualquier caso, que la situación nunca os haga perder el control, a menos que os importe o preocupe una mierda lo que los hombres sean o sientan. Nuestro espacio es nuestro, así que defendedlo con tranquilidad y no os quedéis NUNCA con las ganas de decir la palabra justa o hacer el gesto que corresponde. Es la única forma de conservar la dignidad sin dejar de ser mujeres.