Mujeres artistas y en el Arte: ¿Discriminación?

Autorretrato (1935), Dora Maar
Cuando mi primo Kle me presentó ese extraño sitio llamado ArtStack, no me imaginaba que iba a convertirse en un pasatiempos tan creativo y estimulante. Llevo unos meses moviéndome por esa plataforma y no sólo me lo paso bien, sino que descubro y aprendo muchas cosas.
Ellen DeGeneres, Mary Ellen Mark

Digo ‘extraño’ porque no sé muy bien si llamarlo museo, sala de exposiciones, foro de artistas, red social de aficionados al arte… Lo cierto es que, además de animarme a crear una página con mis propias obras (me inicié en la fotografía hace 35 años, imaginaos la cantidad de material que tengo), me ha permitido observar y (re)descubrir artistas de hoy y de siempre y volver a reflexionar sobre ello.

Sin título (1998), Ouka Leele

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto mirando pintura y fotografía de hoy y de ayer. Lo realmente curioso es que en el sistema de ArtStack, no sólo eres tú quien busca las obras que quieres ver, sino que ellas mismas te buscan a ti. No sé muy bien cómo, he acabado descubriendo a Mary Ellen Mark, a Ellen von Unwerth, a Dora Maar, y he sabido quién era Nusch Éluard, retratada por esta última.

Cierto: me gustan mucho Man Ray y Helmut Newton, de toda la vida, y hace poco traduje un texto al inglés para la obra Tokyo Blur, de César Ordóñez, excelente fotógrafo barcelonés. Sin embargo, confieso que, salvo Ouka Leele, artista de la movida madrileña, pocas fotógrafAs conozco. Intolerable. Siendo feminista, y encima fotógrafa aficionada, he decidido poner fin a este desconocimiento. Hay que ver, conocer y dar visibilidad a las mujeres artistas, ignoradas por razones inconfesables, y de paso hacerse preguntas sobre las formas falócratas y hetero-normativas que adopta el arte de mayor difusión (‘mainstream’, que se dice), sobre todo -pero no únicamente- en la publicidad.
Guerrilla Girls, pegando fuerte (carteles)

Y como las sinergias son lo que son, y como son, la causalidad quiso que la otra noche viese el interesantísimo reportaje en la 2 sobre las Guerrilla Girls y su exposición en el Matadero de Madrid de enero a abril de este año, celebrando los 30 años (¡ahí es nada!) de existencia de este movimiento. Por cierto que me la perdí…

En muchas cosas la GG’s me recuerdan a las FEMEN, salvo que su acción se limita al ámbito del arte y a denunciar los valores patriarcales de quienes dominan el negocio y también porque sus protestas son bastante menos escandalosas, aunque compartan sus presupuestos feministas. Recomiendo este vídeo, donde Inna Shevchenko -una de las fundadoras de Femen- cuenta la historia de su activismo, del que yo destacaría un presupuesto fundamental: “No debemos caer en la auto-censura, porque incluso la idea de libertad puede resultar ofensiva para algunos”.

 (Si no te aparece el vídeo, pincha aquí)

Desde luego, las Guerrilla Girls son bastante más políticamente correctas, aunque sin duda sus denuncias resultan muy molestas para el establishment intocable del arte, que siempre se ha jactado de estar por encima de la injusticia y más allá de la tradición, puesto que ‘Arte’ se supone casi sinónimo de ‘inconformismo’. Naturalmente, los hechos palpables que recopilan y denuncian las ‘Chicas Gorila’ (juego de palabras basado en la parofonía entre ‘guerrilla’ y ‘gorilla’ en inglés) no sólo contradicen el aura de progresismo de las instituciones culturales más prestigiosas, sino que han suscitado unas reacciones vergonzosamente machistas en algunos artistas y empresarios de renombre, con declaraciones de tipo “Las artistas feministas no tienen talento” (Mark Kostabi, artista), o “Las que no están a la altura afirman que es discriminación de género” (Jay Gorney, galerista). Algunos están mejor calladitos…

Fotograma de Guerrillas in Our Midst (Amy Harrison, 1992)

Puestas a recomendar material interesante, debo mencionar el documental dedicado a las GG’sGuerrillas In Our Midst (1992), producido y dirigido por Amy Harrison.

Pongo el enlace al vídeo en miniatura (en inglés sin subtítulos, lo siento), pero no he podido insertarlo. Lo triste del asunto es que, después de 30 años de trabajo, con todas esas pegadas de carteles, performances, conferencias, exposiciones y entrevistas, la situación de las mujeres en el Arte no ha mejorado.

La discriminación se extiende -como era previsible- a las razas no blancas, como ellas mismas ponen de manifiesto: cualquier actividad que implique prestigio o dinero está copada por individuos de sexo masculino y raza blanca. Las causas de esta situación, en buena parte, se pueden -y se deben- achacar a la actitud, consciente o inconsciente, de quienes dominan el mercado e instituciones del Arte, pero me parece que no es el único motivo: creo que hay un extraño miedo en el feminismo a abordar esta cuestión con un enfoque más amplio.

(Continuará…)

CulturaLes: clítoris o vagina… Ellos siguen igual

Leo en la revista MiraLes el último artículo de Beatriz Gimeno, A vueltas con el clítoris. Me estoy aficionando a leer a la compañera Bea, jate tú… Voy a estudiar bien lo que dice y después escribiré  más detenidamente sobre el tema, pero de momento pego un fragmento que me ha llamado poderosamente la atención:

“A pesar de que de las 16 técnicas masturbatorias explicadas en el vídeo todas ellas (menos una) están centradas en el clítoris, como no podía ser de otra manera, la mayoría de los comentarios hacían referencia a la vagina. Por muy bienintencionados que sean los hombres respecto a nuestra sexualidad y placer, aun hay muchísimos que desconocen -a estas alturas- que el principal, y casi único, órgano de placer femenino es el clítoris. Era imposible no reparar en que los hombres que comentaban en mi facebook el video seguían pensando que nuestros orgasmos dependen de la vagina y, por tanto, de sus penes. Los comentarios eran del tipo: “Vamos, chicas, hay que usar la vagina”; “¡vivan las vaginas”, “a la liberación por la vagina” ”libérate, pon en uso tu vagina” o “no dejes que callen tu vagina”. Todos estos comentarios son auténticos. Y esto, ya digo, a pesar de que en el vídeo el clítoris es omnipresente, claro. Podemos deducir que no lo ven, que aunque miren no lo ven.”

No sé si reír o llorar, pero sin duda se me ocurren muchas cosas. Necesito tiempo para meditarlas y organizarlas. ¿Podéis darme vuestro feedback (opiniones, enlaces, etc.)? 

Gracias.

Krudas Cubensi: NoSóloGordas

Esta canción representa bien lo que quiero decir: algunas se niegan a que su cuerpo sea colonizado por el patriarcado. En realidad, el sobrepeso sólo es una excusa para plantarle cara a la estética estándar para las mujeres, rechazar la anorexia institucionalizada, escandalizar a todo aquél que presuponga la sumisión de la mujer a los valores del patriarcado. Se trata de feminismo, no de estética ni de ortorexia. No entraré, pues, en la polémica del control de peso saludable, ya que mis “fellow-bloggers” lo han tratado acertada y profusamente aquí, aquí, aquí, y en varios otros posts cuyos links no me apetece buscar ahora.

June Fernández, periodista

Gracias a June por escribir sobre el debate que protagonizó este grupo cubano de hip-hop en la UNEAC, y a María Luisa Latorre por compartirlo en Google+. Da gusto tener informadoras como éstas. En la reseña que escribe June, impresiona la primera frase, cita literal de Pasita:

“No nos engañemos: en cada familia cubana hay una prostituta. ¿Es así, o no?”. La mitad del público grita que sí; la otra mitad murmura indignada.

Pasita y Olivia, de Krudas Cubensi, y Sandra 
Álvarez, anfitriona del coloquio

Tocaron la fibra sensible. Cuesta aceptar que, en un país como Cuba, donde se supone que los valores tradicionales del capitalismo se combaten desde todos los frentes, el sexo es producto exportable como el ron de caña o el tabaco. Y que quede claro desde YA: ni a estas señoras hip-hoperas ni a mí misma se nos ocurre demonizar la prostitución, ni mucho menos a las prostitutas, ya sean cubanas o de cualquier otro sitio. Sin embargo, hay que llamar a las cosas por su nombre: el turismo sexual es fuente de ingresos, un mercado muy visible:

[…] por ejemplo la mayoría de mujeres se hacen manicuras llamativas, y estoy convencida que el porcentaje de uso habitual de tacones altos es mucho mayor que en el País Vasco.

Es un ejemplo muy básico, aparentemente superficial, pero suficiente para los propósitos de esta argumentación. Es evidente que la delgadez artificial de las jóvenes cubanas, sus sofisticadas manicuras y tacones de aguja paseando por el Malecón no se deben al cuento de La Cenicienta (no son niñas), ni a su versión moderna de Pretty Woman (tampoco son tontas, ni analfabetas). La feminidad de esos complementos y estética son herramientas de trabajo, y la presión ejercida sobre las mujeres cubanas es institucional, como bien se dijo en aquel debate.

[Añado una constatación: denunciaba el castrismo revolucionario que Batista había convertido La Habana en el burdel del Caribe, pero me temo que las cosas no han cambiado mucho en los últimos 53 años. Es consabido, además, que las prostitutas cubanas son informadoras gubernamentales sobre las actividades más o menos inconfesables de los extranjeros…]

Nooo, no pretendo echar más leña al tórrido fuego de la prostitución, aunque sea una de las puntas del mismo iceberg: heteronormatividad versus feminismo, feminidad versus mujeridad, oferta versus demanda… Las Krudas atacan ese bloque de hielo a su manera, visibilizando su lesbianismo, destripando la feminidad sometida al varón, negándose a aceptar forma alguna de patriarcado, por “suavizado” que les parezca a algunas. Por desgracia, muchas algunas creen que existen formas aceptables de machismo, de la misma forma que algunas lesbianas femme se sienten “agredidas” por la estética más o menos butch, por no hablar de las lesbianas de closet que tildan la visibilidad de exhibicionismo. Todo eso son laderas de la misma montaña, y por qué no un poco de hip-hop cubano feminista para escalarla y colocar la bandera arco iris en la cumbre. Recomiendo la entrevista que les hizo Sandra Álvarez para la UNEAC.

Hace apenas tres años, me resistía a aceptar, furiosamente incluso, la famosa frase “no soy mujer, soy lesbiana”, de Monique Wittig. Ahora que la entiendo bien, la suscribo absolutamente, y se la estampo en la cara, por ejemplo, a las heteras complacientes con lo inaceptable, las seudo-feministas defensoras de la maternidad como “arma y seña de identidad”, o sencillamente para dejar sin palabras a mis hermanas mayores, que a menudo demuestran hacia mí una extraña condescendencia (¿quizá compasión?) por no sé qué oscura razón que me niego a investigar. Hay TANTO falso feminismo por ahí todavía, cuando llevamos ya 12 años de siglo XXI, que descubrir a las Krudas Cubensi supone un soplo de aire fresco. Y eso que el hip-hop no me gusta demasiado…

Pues sí, es gracias a mujeres como las mencionadas/aludidas en este post que, sabiéndome diferente, nunca más me sentiré rara. Un beso a cada una, sistas.

Cuando menos te lo esperas… ¡más de lo mismo!

Este vídeo es un fragmento de la peli Sin City, versión en cine del cómic homónimo de Frank Miller, revisitado por Robert Rodríguez, con la colaboración de Quentin Tarantino.
Mirad que me gusta el cómic ‘negro’ y el cine algo canalla y extremo de estos tipos, pero de repente salta un tal Marv y la caga por todos ellos juntos. Ojo a la frase, sistas:

“Es bollera, Dios sabrá por qué. Con un cuerpo así, podría tener al tío que le diera la gana”.

Mirad (también) que debería tomarme esas palabras -en boca de un personaje bastante irreal, demencial y arquetípico- con la máxima distancia posible, incluso con humor, pero no puedo. Bueno, quizá podría, pero creo que no debo.
Mirad (igualmente y por último) que una está curada de espanto, y que todas hemos oído estas machadas muchas veces, casi como para pasarlas por alto sin pestañear siquiera. Pero es que NO ME DA LA GANA desaprovechar la ocasión para, al menos, censurar esta actitud tan profundamente macho-heterocentrista y, de paso, cagarme en los muertos de cualquiera que piense lo mismo.
¿Acaso se le ocurriría a alguna hetera pensar que un hombre es gay porque es demasiado feo para atraer a las mujeres? ¿A que no? Como mucho podría decir “¡Qué pena!”, o “Vaya desperdicio…”, y casi nunca demasiado en serio. Pero ellos no, sistas: estamos condenadas a ser heteras si estos caballeros nos encuentran de su gusto, o a ser lesbianas sólo si nos deshechan. Claaaaaro, como el destino supremo y natural de toda mujer que se precie TIENE que ser un hombre, ese rey de la creación y tal… ¡a comer pollas todasssss!
Pues no, no me acostumbro, no me da la puta gana, por mucho que sea más de lo mismo.

Cirugías: si no quiero, no me quieren

Llevo desde el lunes dándole vueltas a la columna de Lucía Etxebarría publicada en ADN. A primera vista, parece una comparación un poco traída por los pelos, pero no sé… Algo de razón tiene.
Dejando a un lado las cuestiones higiénico-sanitarias de las respectivas cirugías, ¿la ablación del clítoris es comparable con una reducción de caderas o un aumento de glúteos? En tanto que implican una imposición cultural para la mujer, desde luego que sí.
Cierto también que hay una diferencia importante que la Etxebarría no menciona. Los contextos socio-culturales en que se expande/impone la cirugía “de mercado”  (estética o de otro tipo), no se prohíbe la difusión de ideas en contra de la misma. En cambio, en los entornos donde la ablación del clítoris es un requisito obligatorio, difícilmente se encontrarán medios de difusión autorizados donde se pueda hablar en contra de la misma, por no mencionar el hecho de que se trata de una intervención en mujeres muy jóvenes, incluso niñas.
Sin embargo, da que pensar. He escrito mucho sobre las presuntas “necesidades” que las mujeres (casi siempre hetero, como no) dicen tener: ser madres, estar divinasdelamuerte-jatetú-ossea, cazar machitos de gimnasio con coches de diseño y podridos de pasta (véase la última payasada de Telecinco, por cierto un fracaso de audiencia)… Al final, si no compartes al menos una parte de esas “ansias femeninas”, no eres mujer, ni casi persona. Con esa mentalidad, ¿cómo se atreven esas inútiles, frustradas, peliteñidas y rayoUVAdas a escandalizarse por la ablación del clítoris?
O tempora, o mores…

Straights Be Not Proud (II): Mujeres en Crisis

Es que… algunas heteras son la leche. Podría citar muchas de sus barbaridades, pero dejémoslo en 2 tipos, basados en experiencias personales:

a) La que tiene mucho que callar, pero va de Jueza.

Una amiga mía de Barcelona estaba empezando a salir del armario. Después de una larga relación (a pesar de ser muy joven) con un novio violento y machista, necesitaba divertirse, salir de noche, recuperar su libertad. Para acompañarla, confió en su prima, una libertina que en alguna de sus mejores noches podía llegar a calzarse 2 o 3 tíos, poniéndose a tope de alcohol y pastillas. Mi amiga, creyendo que existía buena sintonía con su compañera de fiestas, le confesó que era lesbiana. Reacción de la prima: “Hostia, tía, ¡eso no es normal!”. Tócate las tetas… “Normal”, dice… ¡Y se quedó tan ancha!

b) La “liberada armarizante”

Una amiga de Ratita, de ésas de toda la vida, le recriminaba recientemente que renovase la pegatina del arco iris que lleva en el parachoques trasero. “Es como ir gritando ‘me acuesto con tías’. ¿A quién le importa?” Vaya, y lo dice una señora que viste en plan pilingui en sus noches locas y va piropeando a los tíos a todas horas, para que se le note bien que es hetero… Wow… Me encanta la visión de igualdad que tienen algunas, sisters…

The S(traight)-World: autonomía y autoestima, CERO

Da igual su edad, las heteras no pueden vivir sin ponerse divinísssimas. Pelu, compras de ropa, cirujano (las que pueden), estheticienne… Tanto si son jóvenes en edad de merecer como cuarentonas de vuelta de todo, divorciadas con o sin hijos, pasan gran parte de su tiempo libre elaborando refinadas estrategias para “pillar macho”.

Ojalá, sí, OJALÁ fuera por puro sexo, ojalá fuera porque así se sienten bien ellas mismas, porque se ven bien así, pero nooooo. No son nadie si un hombre no las mira o incluso piropea, ¡incluso teniendo pareja! Endeluego…

Las jornadas de “caza” van dirigidas encontrar al hombre que las quitará de trabajar, o que al menos dará sentido a taaaanto tiempo y dinero invertido en ropa, estética y cirugía. Y por supuesto, si aún no tienen hijos…

¡Horror, que se me pasa el arroz!

Pánico insuperable de las heteras, que noooo, no pueden, no deben, no quieren concebir la vida sin gestar y parir. Porque noooo, no eres, no puedes ser una mujer “comme il faut” si te planteas una carrera profesional primero y la maternidad sólo si es posible, si se dan las circunstancias, si de verdad lo haces por ti y no para darle nietos a la pesada de tu madre que no para de gastar estúpidas sumas de dinero en tu ajuar…

No son paranoyas mías. Ojalá lo fueran. Basta con encender el televisor para comprobarlo. En cualquier entrevista o reportaje de índole personal, se presenta a los hombres por su nombre y profesión, a las mujeres por su situación de pareja y número de hijos, y sólo por último, si lo anterior está “cumplido”, se menciona a qué se dedica. Ésa es la información relevante, y por ese orden. Nadie protesta, a las presentadoras les parece perfecto, las reporteras juegan el juego.

CERO PELOTERO

Me da igual qué parte de responsabilidad tengan los medios o la sociedad, el caso es que las heteras están lejos de esa autonomía personal, emocional y sexual que la publicidad proclama. Tienen acceso al mundo laboral, educación, sanidad universal, leyes de adopción, protecciones varias (Violencia de Género, Divorcio Exprés), y para lo único que les sirve todo eso es para sacrificarse más que nunca. ¡Y van y se quejan de que ‘los hombres son así o asá‘!

Heterocentrismo = machismo y homofobia reconcentrados

No me cabe duda de que, a pesar de todos los derechos sobre el papel que la sociedad española reconoce a las mujeres al día de hoy, el heterocentrismo aún pesa enormemente. Si no eres hetero (o al menos lo pareces), no eres mujer, y si lo eres, la presión sobre tu conducta social es más fuerte que nunca: belleza estándar, dependencia emocional del varón, deseo compulsivo de maternidad, sacrificio de la promoción profesional…

A veces me da la impresión de que no estamos en 2009. En los años 80, creí que la movida madrileña anunciaba un cambio profundo en nuestro colectivo de género. Han pasado 25 años, y ahora… o bien me equivocaba, o bien hemos dado un salto atrás, sisters…

Las bollos tenemos la visibilidad pendiente, las heteras su autonomía. ¿Para cuándo, cuándo, cuáááándooo?

Aysssss…

Nosotras y Ellas. Straights Be Not Proud. (I)

[Straights Be Not Proud: “Heteras, no os enorgullezcáis”. Remedo del título de las memorias de John Günther, Death Be Not Proud (Muerte, no te enorgullezcas)]

Desde que leí lo que dijo Mercedes en un comentario que hizo en en blog de Hay Mujeres, llevo dándole vueltas a este post.

No es la primera vez que trato el tema de bollos y heteras en un mundo en crisis, pero tengo ganas de darle más caña al mono (pobre macaco, lo tengo frito). 🙂

Nuestra asignatura pendiente, nuestro reto

Pues sí, se escribe con V de Visibilidad. Ratita y yo sujetábamos la pancarta en la mani del Orgullo 2008. No sé si nuestro orgullo era más ser visibles que simplemente lesbianas, pero qué bien se estaba allí, a pesar del sol de justicia que caía…

Ahí en la mani, todas las visibles juntas brincando y gritando con una pegatina en la teta izquierda, nos sentíamos en la gloria. Peeero… vuelves a la vida cotidiana, lees los blogs y te das cuenta de que, efectivamente,

Una alta proporción de lesbianas sigue en el armario, parcial o totalmente.

Sólo cabe una apuesta, como dice el título de Hay mujeres: combatir la homofobia desde la visibilidad. Es nuestro reto. Punto.

Reflexionando…

Pregunta tonta y archimanida: ¿a que nadie me nombra UNA SOLA lesbiana española famosa fuera del activismo GLB? Sin embargo, nos surgirán al instante no menos de 5 o 6 nombres de gays diviiiinos de la mueeerte con un alto porcentaje de share televisivo. No pienso nombrarlos, me niego a darles más publicidad.

Claro que no sé si sería peor conseguir que una lesbiana (o una docena, me da igual) con look convencionalmente femenino subiera a la palestra como presentadora/reportera/actriz de éxito, porque entonces la fantasía sexual masculina por excelencia eclipsaría por completo la validez de su visibilidad: dos mujeres juntassssss, hummmmmmm qué morbooooo. Con Maca y Esther, de Hospital Central, ya hemos tenido bastante. Así no vamos a ninguna parte.

Por cierto, id a Google y teclead “lesbianas españolas famosas”. Veréis qué vergüenza os da… Casi todo fantasías sexuales… Puajjjj.

Los gays tienen glamour, las bollos, no. El glamour vende, nosotras no. (Shit yourself, little parrot).

Del terror a la autocomplacencia

A las mujeres se nos exige que seamos hetero con mucha más intransigencia que a los hombres, o al menos que lo aparentemos. No paro de escuchar a mi alrededor (chats, sobre todo) la auto-asignación de la cómoda etiqueta de bisexual en mujeres que evidentemente no lo son. Todas ellas llevan -siempre en secreto- una vida afectivo-sexual plena con una mujer mientras mantienen una relación hetero “de fachada”. ¿Justificaciones? Las de siempre: conservar el trabajo, custodia de los hijos, paz social y familiar, etcétera.

Lo peor es que la mayoría de esas mujeres afirman ser felices así. Si eso no es directamente una internalización de la homofobia, como acertadamente afirma Mercedes, al menos es otro Síndrome de Estocolmo, algo a lo que las mujeres estamos tan tristemente acostumbradas. Como la felicidad plena no es de este mundo, ajustamos nuestro reloj emocional a las opciones que nos ofrecen menos conflictos o dolor. Así convertimos en “perfecta” una situación que ningún análisis sensato soportaría. Patético…

Por si fuera poco… ELLAS nos compadecen

El mayor absurdo de este mundo heterocentrista es que las heteras, lejos de entender que nuestra lucha es la suya, nos miran entre asustadas y compasivas. Oh sí… lo afirmo rotundamente:

Las heteras rechazan el machismo pero defienden el armario

y no se dan cuenta de la contradicción en su postura. Oh no, no se dan cuenta… Nos compadecen, a veces compadecen a nuestros hijos, nos miran sin creer que seamos del mismo planeta, nos animan a ser como ellas, liberadas y divinísssimas, “respetando nuestra opción sexual” (porque lo nuestro es sólo sexo, claaaro)…

He oído cada melonada… Pero me van a oír.