¿Por qué soy abolicionista?

 

En la Mesa Redonda del pasado 4 de abril en la UCM no se me olvidará el ESCALOFRÍO que sentí cuando Beatriz Gimeno mencionó una escena de un documental sobre turismo sexual, donde un hombre de mediana edad quedaba impasible ante los llantos de la niña pequeña, aterrada, que le iba a ser ‘cedida’ para FOLLÁRSELA.

Esa ausencia de empatía, tan inhumana, es lo que me mueve. De paso, os explicaré por qué soy voluntaria en TRADUCTORAS PARA LA ABOLICIÓN DE LA PROSTITUCIÓN.

Permitidme que comparta un extracto del debate (al final de este post) sobre la película Evelyn (2011), donde intervienen Ana de Miguel y Beatriz, publicado en el canal YouTube de la organización donde participo. Destaco las siguientes frases:

– “Si hay trata es porque la demanda supera a la oferta, y hay que recurrir al engaño, a romper a las chicas, a forzarlas […] El sexo es deseo MUTUO, pero a los clientes no les importa que las chicas sientan asco y estén ateridas […] Me parece una construcción de la masculinidad terrible” (B.G.)

– “Hasta la Iglesia lo llamó ‘teoría del mal menor’… ¿’Menor’ respecto a qué? Respecto a que los hombres no pudieran tener acceso al cuerpo de una mujer cuando les diera la gana por un precio variable…” (Ana de M.)

Como también dice Ana, el feminismo es quien empezó a cuestionar la prostitución, legal y normalizada desde la edad media, y no precisamente con criterios puritanos, sino mediante la reflexión y el análisis. Por cierto, las feministas, incluso siendo lesbianas, follamos seguramente mucho más que tant@s que nos descalifican, así que… un poquito de por favor.

Desde mi capacidad como traductora (inglés y francés) quiero contribuir a ese análisis y reflexión, que aún llevará tiempo y esfuerzo, pero no pienso tirar la toalla. También soy docente, así que entiendo igualmente de batallas que sólo se vencen a largo plazo.

Y para que se enteren algun@s: mi trabajo es VOLUNTARIO, por tanto no defiendo estas ideas por interés económico, sino porque QUIERO y PUEDO, y porque creo en un mundo mejor. Si eso me convierte en una imbécil idealista, sea. Hasta me podrían asesinar por ello, y lo asumo. Se lo recuerdo a quienes gustan de calificar de ‘lobby’ al feminismo. Soberana soplapollez…

Si con todo lo dicho más arriba todavía no os habéis replanteado vuestra defensa de la prostitución ‘libre y voluntaria’, os recomiendo vivamente el libro de Ana de Miguel, que cito y menciono mucho: Neoliberalismo Sexual. El mito de la libre elección (Cátedra, 2015).

Si aun así seguís pensando que no se puede cuestionar el sistema capitalista en su conjunto ‘SÓLO’ por la existencia de la prostitución, quizá os impresione este estupendo vídeo (en francés), colgado en nuestro canal de YouTube. A mí, que estoy acostumbrada a casi todo, me ha dejado temblando

Espero que os imaginéis ahora ese rostro, siempre pixelado, de los clientes de los prostíbulos, exento de la mínima empatía, y veáis en él a un hombre que conocéis, incluso respetáis y/o queréis, posiblemente de vuestra propia familia. Si eso, junto al vídeo más abajo, todavía no os revuelve las tripas, no tengo más que decir, salvo que nos vemos en las calles, los foros de debate, y otros sitios donde no nos puedan negar la entrada y/o la palabra.

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Krudas Cubensi: NoSóloGordas

Esta canción representa bien lo que quiero decir: algunas se niegan a que su cuerpo sea colonizado por el patriarcado. En realidad, el sobrepeso sólo es una excusa para plantarle cara a la estética estándar para las mujeres, rechazar la anorexia institucionalizada, escandalizar a todo aquél que presuponga la sumisión de la mujer a los valores del patriarcado. Se trata de feminismo, no de estética ni de ortorexia. No entraré, pues, en la polémica del control de peso saludable, ya que mis “fellow-bloggers” lo han tratado acertada y profusamente aquí, aquí, aquí, y en varios otros posts cuyos links no me apetece buscar ahora.

June Fernández, periodista

Gracias a June por escribir sobre el debate que protagonizó este grupo cubano de hip-hop en la UNEAC, y a María Luisa Latorre por compartirlo en Google+. Da gusto tener informadoras como éstas. En la reseña que escribe June, impresiona la primera frase, cita literal de Pasita:

“No nos engañemos: en cada familia cubana hay una prostituta. ¿Es así, o no?”. La mitad del público grita que sí; la otra mitad murmura indignada.

Pasita y Olivia, de Krudas Cubensi, y Sandra 
Álvarez, anfitriona del coloquio

Tocaron la fibra sensible. Cuesta aceptar que, en un país como Cuba, donde se supone que los valores tradicionales del capitalismo se combaten desde todos los frentes, el sexo es producto exportable como el ron de caña o el tabaco. Y que quede claro desde YA: ni a estas señoras hip-hoperas ni a mí misma se nos ocurre demonizar la prostitución, ni mucho menos a las prostitutas, ya sean cubanas o de cualquier otro sitio. Sin embargo, hay que llamar a las cosas por su nombre: el turismo sexual es fuente de ingresos, un mercado muy visible:

[…] por ejemplo la mayoría de mujeres se hacen manicuras llamativas, y estoy convencida que el porcentaje de uso habitual de tacones altos es mucho mayor que en el País Vasco.

Es un ejemplo muy básico, aparentemente superficial, pero suficiente para los propósitos de esta argumentación. Es evidente que la delgadez artificial de las jóvenes cubanas, sus sofisticadas manicuras y tacones de aguja paseando por el Malecón no se deben al cuento de La Cenicienta (no son niñas), ni a su versión moderna de Pretty Woman (tampoco son tontas, ni analfabetas). La feminidad de esos complementos y estética son herramientas de trabajo, y la presión ejercida sobre las mujeres cubanas es institucional, como bien se dijo en aquel debate.

[Añado una constatación: denunciaba el castrismo revolucionario que Batista había convertido La Habana en el burdel del Caribe, pero me temo que las cosas no han cambiado mucho en los últimos 53 años. Es consabido, además, que las prostitutas cubanas son informadoras gubernamentales sobre las actividades más o menos inconfesables de los extranjeros…]

Nooo, no pretendo echar más leña al tórrido fuego de la prostitución, aunque sea una de las puntas del mismo iceberg: heteronormatividad versus feminismo, feminidad versus mujeridad, oferta versus demanda… Las Krudas atacan ese bloque de hielo a su manera, visibilizando su lesbianismo, destripando la feminidad sometida al varón, negándose a aceptar forma alguna de patriarcado, por “suavizado” que les parezca a algunas. Por desgracia, muchas algunas creen que existen formas aceptables de machismo, de la misma forma que algunas lesbianas femme se sienten “agredidas” por la estética más o menos butch, por no hablar de las lesbianas de closet que tildan la visibilidad de exhibicionismo. Todo eso son laderas de la misma montaña, y por qué no un poco de hip-hop cubano feminista para escalarla y colocar la bandera arco iris en la cumbre. Recomiendo la entrevista que les hizo Sandra Álvarez para la UNEAC.

Hace apenas tres años, me resistía a aceptar, furiosamente incluso, la famosa frase “no soy mujer, soy lesbiana”, de Monique Wittig. Ahora que la entiendo bien, la suscribo absolutamente, y se la estampo en la cara, por ejemplo, a las heteras complacientes con lo inaceptable, las seudo-feministas defensoras de la maternidad como “arma y seña de identidad”, o sencillamente para dejar sin palabras a mis hermanas mayores, que a menudo demuestran hacia mí una extraña condescendencia (¿quizá compasión?) por no sé qué oscura razón que me niego a investigar. Hay TANTO falso feminismo por ahí todavía, cuando llevamos ya 12 años de siglo XXI, que descubrir a las Krudas Cubensi supone un soplo de aire fresco. Y eso que el hip-hop no me gusta demasiado…

Pues sí, es gracias a mujeres como las mencionadas/aludidas en este post que, sabiéndome diferente, nunca más me sentiré rara. Un beso a cada una, sistas.