T.T.I.P. Esto es gravísimo. ¡A las barricadas!

“Vedlo hasta el final, por favor. Luego sigo.”

… decía yo, hace una semana. Hoy, 31 de octubre, al fin dispongo de un ratito para terminar este post.

Como dice Marta Sibina, editora de la revista Cafè amb llet, “éste es el mayor ataque a la democracia desde el 23F”. No es ninguna exageración. ¡Ojalá!

Los partidos que se han adherido a esa negociación secreta demuestran a todas luces que ‘la Casta’ existe, puesto que NINGUNO de los partidos implicados (PP, PSOE, UPyD y CiU) ha mencionado públicamente su colaboración con el gobierno en este asunto.

Os invito a consultar el artículo ¿PP, PSOE, UPyD y CiU preparan un nuevo 23F?, donde encontraréis, además del vídeo de Marta insertado al principio, una suculenta relación de enlaces a:
  • Organizaciones contra el TTIP (entre ellas, ATTAC);
  • Artículos sobre el TTIP (entre ellos, filtraciones de Wikileaks)
Lola en el Europarlamento

Han pasado muchas cosas en 1 semana. El llamamiento ha corrido mucho entre los seguidores de Podemos. El tema viene comentándose desde mayo, y ya en julio la Eurodiputada Lola Sánchez Caldentey colgaba un vídeo en YouTube manifestando la postura oficial del partido a ese respecto, que denuncia no sólo la avaricia de las multinacionales, sino la complicidad de los partidos políticos que pactan con ellas en secreto para sustraer ese debate de gran calado y trascendencia a la ciudadanía, directamente afectada por el mismo.


Además de las cuestiones políticas y de soberanía, los argumentos contra el TTIP en materia medioambiental son más importantes si cabe. Este otro vídeo (en inglés; subtítulos disponibles), más reciente que el de Lola Sánchez, los detalla de forma clara y sencilla, contextualizándolos en la situación política y económica global que provocaría.

Resumiendo: hay que moverse. Como dice Ana Barba, “Cuando descubras que eres contrario al TTIP puede ser tarde“. Las redes nos ofrecen la posibilidad de divulgar lo que los medios callan. Así que… ¡A las barricadas!

En esta tarde gris

Tarde gris, parque verde. Es como aquello de “mañana de niebla, tarde de paseo”. Cuando llegan las lluvias del otoño, reverdezco como las plantas.
Ha llovido gran parte de la mañana, igual que ayer. Tuve que ponerle el chubasquero a Toby para acompañarle en su paseo. El parque y su Arroyo Culebro reventaban de brotes de hierba, que Toby supo aprovechar para su purga periódica. El aire es limpio y vitaminado.

En esta tarde gris no voy a morir ahogada en llanto, al contrario. Tengo muchas cosas estimulantes que hacer, concentrada y en silencio. Como también me estimula esta versión de la gran Martirio, cantando tango con su quejío característico. Lo siento por los puristas “juliososinos”, pero Martirio es mi debilidad, mi vitamina.

La fusión musical es mi lluvia de otoño en el secano castellano. Ya flipé con Bebo y Cigala en su versión de Lágrimas negras, pero hoy, bajo este cielo plomizo, el tango visto por Martirio es mi copa de vino con queso de oveja.

Bowman, héroe anónimo

“Quizá si el mainstream se fijara más en el trabajo abnegado de los científicos y los problemas que realmente nos acucian, los tops de las personalidades del año estarían encabezados por individuos que realmente dejan poso en la sociedad humana, y no por ladys cantarinas con vestidos de babilla de vaca o amantes del café en cápsula que lo único que hacen es poner cara divina.”

Extraigo este párrafo por ser el que mejor resume este excelente artículo de Daniel Civantos: quizá nadie hablará de Alan Bowman cuando haya muerto, y sin embargo es muy posible que le haya salvado la vida a la humanidad. Así de claro y rotundo es el tema.
Posiblemente ya lo sepáis: las abejas, responsables silenciosas de la reproducción para DECENAS DE MILES de especies vegetales, entre las que se encuentran alimentos, medicinas y otras plantas imprescindibles para la supervivencia humana, llevan años en peligro de extinción. Antes de leer ese post, yo ya conocía esta alarmante noticia, pero creía que se debía a los pesticidas. Da un poco igual, porque es muy probable que, indirectamente, la proliferación del ácaro Varroa, transmisor del virus que está exterminando a las abejas, se deba a concatenados desequilibrios ecológicos provocados por los humanos. Pues fijaos bien en su cara, porque este investigador escocés de la Universidad de Aberdeen acaba de encontrar el remedio. Y aún habrá gente que diga: “¡Coño! Para eso le pagan, ¿no?” Mierda de ser humano…
La noticia tiene calado suficiente para saltar a la primera plana de las más prestigiosas publicaciones científicas, pero nada de eso, sistas. Ni Nature, ni The Lancet, ni siquiera la Wikipedia, sino Esquire, una revista más bien frívola para hombres muy hombres y muy divvinoss (alguno dirá que metrosexuales y mariquitas), la que ha incluido al Dr. Bowman entre los hombres más relevantes durante los próximos 20 años. Yo creo que ni el más sabio de los redactores de esa revista tiene remota idea del alcance de este descubrimiento, ya que lo colocan al mismo nivel que la investigación de un tal Dr. Farjo sobre trasplantes capilares, o que el próximo reinado de Carlos de Inglaterra. Tampoco se podía esperar demasiado de ellos, pobrecicos… Bastante que han mencionado un hecho que la prensa científica ha ignorado completamente, ¿no?
Así que… más de lo mismo, me temo. Mientras unos humildes y silenciosos investigadores resuelven problemas tan gordos como éste, la frivolidad y el glamour reinan en las portadas del mundo entero, y los políticos entregan ingentes cantidades a los magnates financieros y especuladores que originaron la actual crisis económica mundial. Si ej queeeee…
En el próximo post hablaré de animales, que mi hígado se satura ya de tanta basura humana.

Capítulo Uno – Una mujer… sin serlo

No soy mujer, soy lesbiana.
Monique Wittig

Curiosa frase, ¿verdad? A muchas de nosotras nos produce cierto rechazo. Por un lado, es cierta, implacablemente cierta. Por otro es triste, clamorosamente triste.

La Wittig jamás imaginó (o quizá sí) la cantidad de ampollas que levantaría diciendo eso. Es difícil meter tanta pólvora en un solo cartucho, mucho más reventar tantos moldes con un solo artefacto. ¡Bum!

Conservas dos recuerdos muy nítidos en tu memoria cuando explicas desde cuándo sabes que eres lesbiana. Son hechos simples, vírgenes, sin desarrollar, fosilizados en su pureza, como rocas de referencia en un camino de montaña a las que regresas para no perderte. No son pruebas científicas de nada, porque no se trata de eso. No te hace falta demostrar nada.

Es curioso, cuando dos lesbianas se conocen, pronto surge esa pregunta:

“¿Desde cuándo…?”

Entre heteros, no se plantea desde cuándo lo eres, ni por qué o cómo “te hiciste” hetero. Se presupone que lo somos por defecto, que la homosexualidad, al ser excepcional, necesita justificarse. Si encima has tenido hábitos, o perpetrado actos hetero, por muy recontramaribollo que seas a todas luces, casi necesitas pasar por un jurado popular para que te absuelvan o condenen. Endeluego…

Con 13 años, tuviste tu primera experiencia sexual. Tu prima y tú os llevabais bien, era una buena cómplice, y el ambiente familiar de tus tíos era propicio para la intimidad, mucho más relajado que en casa de tu madre.

Sólo fue una vez, no tu primera novia. Tampoco pasó nada excesivamente intenso ni apasionado, y desde luego ella nunca tuvo visos de corresponderte más allá de un juego fugaz. Para ti era algo más, para ella no.

La has visto poco desde entonces. No habéis vuelto a mencionar la aventura en ninguna conversación. Apenas alguna mirada cómplice. También sabes que quien lea esto y os conozca sabrá de qué estás hablando, aunque han pasado ya 30 y pico años.

Ella no rechazó tus caricias. No te impidió que le desabrocharas la camisa. No protestó ni antes, ni durante, ni después de que la besaras. Te sentiste bien, sin saber muy bien por qué, besándola y acariciándola., tumbadas en lo alto de aquel enorme bloque de goma espuma de la fábrica donde trabajabais. Aún hoy te preguntas cómo conseguisteis subiros ahí.

Una travesura casi inocente, tu primer contacto erótico, la primera piel que te hizo sentir algo, la primera chica entre tus manos. No importa que para ella seas la única mujer que la haya tocado así, no importa que se casara de penalti apenas un año después. Ni siquiera importa que tu tía os interrumpiera antes de que llegaseis más lejos. Tenías 13 años, no fue con un chico, aunque luego los hubo, fue hermoso, fuiste tú misma por unos momentos, tu primera vez. Y volverías a hacerlo en las mismas circunstancias.

En esa misma fábrica conociste a María Luisa. Mmmm, bueno… más bien ella te conoció a ti. Corría el año 75 y soplaban vientos nuevos. No es porque Franco agonizara. Soplaban y habrían soplado igual: en la memoria y los corazones la política ni pincha ni corta.

Esta vez fue ella la que se fijó en ti, y la recuerdas porque era una mujer… sin serlo.

Nunca supiste si María Luisa era lesbiana, aunque si conocieras a otra como ella hoy, no te cabría la menor duda. Pelo corto, sin maquillaje, traje de chaqueta-pantalón y maletín. Aun hoy, en una mujer de su edad, esa imagen chocaría con las convenciones, sobre todo en el ámbito de la empresa, donde imperan las Barbies oxigenadas, con Botox hasta las orejas y liftings hasta en el carnet de identidad. Ajjj…

Te hipnotizó esa mujer, por su modernidad y valentía, fortaleza y aplomo. Y es que… era una mujer sin serlo. Tú querías ser ella, porque de ser mujer querías parecerte a ella, de las que se ponen el mundo por montera y rompen todos los esquemas.

Algo debió ver en ti María Luisa. Algo… quizá todo. Lo que tenía que ver, en realidad. Habló con tu tío y le propuso llevarte con ella, darte protección, educación, trabajo, un porvenir… Nunca sabrás si pretendía algo más, algo menos, u otra cosa. Nadie supo nunca que a ti te sedujo María Luisa tanto como su propuesta. Lástima que tu tío la rechazara de esa forma tan brutal.

“No te vuelvas a acercar a
ella”.

Tendría motivos para pensar lo que pensó, o se equivocó, nunca lo sabrás. Para él estaba claro que ella era un peligro del que tenía que protegerte. Poco podías hacer tú para salir de dudas y correr ese riesgo. Lástima.

Tenías 13 años en aquel 1975, y ya estaba claro que eras mujer, lesbiana y con una inteligencia superior a la media, aunque todos querían que fueras niña y hetero-tonta. Seguramente María Luisa se dio cuenta de eso cuando te conoció. Probablemente por eso se atrevió a hacerle esa propuesta a tu tío. Quizá tus tíos quisieron evitar que ella te colocara en el lugar que te merecías.

En aquel año 75 aún era demasiado difícil ser mujer… sin serlo. ¿Demasiado pronto? Tal vez. Lástima.